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La dosis diaria de Mescalina

Llegué rayando a las 9:14 a la agencia, justo antes de que me pusieran el “retardo” con el que te ganas el honor de comprar chelas para todos el viernes en la tarde.

Fui directo a la cocina, mi cerebro pedía café a gritos; en chinga, me serví media taza porque ya me habían ganado la primera jarra. Prendí mi computadora y miré en dirección a la pared donde se listan nuestros pendientes.

Mi equipo ya estaba reunido y prevenido para recibir las primeras dosis de chamba. Revisamos pendientes, se repartieron tareas y se tachó todo lo terminado. Oficialmente, el día de trabajo arrancó.

Ideas, propuestas, posteos; ajustes aquí y allá, esperar la revisión del cliente. Así pasó casi por completo, la mitad del día.

La alerta de la reunión de la 1:00 pm apareció en mi pantalla. Todo el equipo entró a nuestro “breaking bad”, nombre con el que cariñosamente llamamos a nuestra reunión creativa. Breaking ideas, era el nombre original, pero como siempre, adaptamos. 

Durante la junta, busqué inspiración en las paredes “Amor en cada pixel y en cada línea” leí en uno de nuestros muros. Pensé en la sustancia, en la fórmula, en la Mescalina; tomé suficientes notas, lo escribí todo y reescribí sobre mis propias frases hasta que finalmente, el concepto tomó forma en mi cabeza y cobró vida en palabras. 

Salimos a comer, el tiempo libre me cayó poca madre, caminé hasta el changarro donde compro comida. Busqué sin éxito inspiración en la sopa de letras. Después de un rato, decidí que no iba a pensar más en el trabajo y me concentré en comer.

Alrededor de las 3, regresamos a la agencia, me senté en mi lugar. Tenía varios correos, cambios pendientes y nuevas tareas asignadas en Basecamp (“fuck”, pensé).

Cerca de las 5, ya casi había completado todos los pendientes, me paré a platicar en la mesa de otro equipo, lo que estaba haciendo el arte estaba poca madre y lo felicitamos. Había música electrónica de fondo, al son de cada beat llegamos casi al final del día.

Cuando menos lo pensé ya pasaban de las seis de la tarde, aún hice unos ajustes y anoté tareas para el día siguiente. Una hora después salí corriendo y con las llaves en la mano para subirme al coche, perderme de la vista de todos  y olvidarme de que la vida adulta existe.

Ya en mi depa, me quedé pensando en las personas que hacemos realidad cada copy, cada arte, cada código, cada  proyecto.  

Luego pasa que ya fuera de la agencia, me caen todas las ideas encima; neta, a veces pienso que hasta los extraño y tengo un buen de ganas de verlos para contarles todo lo que viajó por mi cabeza.

 

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